21 ago 2026

Cuándo modificar una máquina te convierte en su fabricante

El 20 de enero de 2027 el Reglamento (UE) 2023/1230 sustituye del todo a la Directiva de Máquinas que lleva veinte años mandando en las naves españolas. La mayoría de los artículos que vas a leer sobre esto van dirigidos a fabricantes. Este no: va del caso que sí te toca si mantienes máquinas ajenas, y que casi nadie mira hasta que hay un accidente.

El caso es este. Si modificas una máquina que ya está en servicio y la modificación es «sustancial», legalmente pasas a ser el fabricante de esa máquina. Con todo lo que eso arrastra: evaluación de riesgos, expediente técnico, declaración UE de conformidad y marcado CE nuevo.

Qué cambia el 20 de enero de 2027, y qué no

Lo primero, para quitar ruido: tu maquinaria antigua no se vuelve ilegal esa mañana. Una máquina puesta en el mercado antes de esa fecha sigue amparada por la directiva anterior, y puede seguir trabajando mientras conserve sus condiciones originales de uso, siga siendo segura y no haya sufrido modificaciones sustanciales.

O sea que la fecha no es una fecha de caducidad de tu parque. Es la fecha a partir de la cual lo que TÚ le hagas a una máquina se juzga con la regla nueva. Y eso es un asunto de mantenimiento, no de compras.

Qué es una «modificación sustancial», en cristiano

El Reglamento la define como una modificación —por medios físicos o digitales— hecha después de poner la máquina en servicio, que el fabricante no había previsto ni planificado, y que afecta a la seguridad. La clave está en esas tres condiciones juntas, y sobre todo en la última: tiene que crear un peligro nuevo o aumentar uno que ya existía.

Dicho de otra forma: no es sustancial porque sea cara, ni porque sea grande, ni porque cambie la producción. Es sustancial porque cambia el mapa de riesgos.

Intervención ¿Suele ser sustancial? Por qué
Cambiar un rodamiento, una correa, un motor por otro igual No Repones lo previsto por el fabricante
Sustituir el autómata por otro equivalente No, si la lógica de seguridad no cambia El mapa de riesgos es el mismo
Subir la velocidad de una línea por encima de lo previsto Sí, normalmente Aumenta un riesgo existente
Quitar o puentear un resguardo o un enclavamiento Elimina una función de seguridad
Automatizar una carga que antes era manual Sí, normalmente Aparecen peligros nuevos de atrapamiento
Conectar la máquina a la red de planta Depende Si el control pasa a ser accesible en red, es un peligro nuevo
La última fila es la que más va a doler los próximos años. El Reglamento mete la ciberseguridad del software de control dentro de la seguridad de la máquina, así que «solo le hemos puesto un cable de red» deja de ser una frase inocente.

El matiz que casi todo el mundo se salta: la responsabilidad se reparte

Aquí es donde la mayoría de lo que se publica sobre esto asusta más de lo que informa. La responsabilidad de quien modifica se circunscribe a la parte modificada. El fabricante original sigue respondiendo de lo que no tocaste, siempre que tu intervención no haya comprometido su conformidad.

Eso cambia bastante las cuentas. Automatizar la entrada de una prensa no te convierte en fabricante de la prensa entera: te convierte en responsable de la célula que has montado y de cómo se lleva con el resto. Es asumible. Lo que no es asumible es no saber dónde está esa frontera.

Nuestra opinión: el problema no es la norma, es que no puedes demostrar nada

Vamos a mojarnos, porque en esto se está vendiendo bastante humo. La inmensa mayoría de las intervenciones que se hacen en una nave española no son modificaciones sustanciales, y quien te diga que tienes que re-marcar media planta antes de 2027 te está vendiendo un servicio que no necesitas.

El problema real es otro, y es más aburrido: cuando llega una inspección, un seguro o un juez, la pregunta no es «¿fue sustancial?». La pregunta es «¿qué le hicisteis exactamente a esta máquina, cuándo, quién y con qué criterio?». Y a esa pregunta, la mayoría de las plantas que conocemos no sabe responder, porque la respuesta está en un albarán, en un parte de papel y en la cabeza del mecánico que se jubiló.

Ahí es donde una norma nueva se convierte en un problema caro. No por la norma: por la falta de historial. Si puedes enseñar qué se cambió, con qué pieza, quién firmó y qué se comprobó después, la conversación dura diez minutos. Si no puedes, dura meses y la carga de la prueba la tienes tú.

Qué hacer con esto, en orden

  1. Haz una lista de las máquinas que habéis tocado por dentro en los últimos años: retrofits, automatizaciones, cambios de control, aumentos de cadencia. No hace falta que sea perfecta; hace falta que exista.
  2. De esa lista, marca las que cambiaron una función de seguridad o la forma de trabajar del operario. Esas son las candidatas, y suelen ser muchas menos de las que temes.
  3. Para cada candidata, reúne lo que tengas: fotos, esquemas, el proyecto del integrador, la evaluación de riesgos si la hubo. Si aparece completo, ya has terminado.
  4. Lo que no aparezca, decide si se reconstruye o se asume. Reconstruir el expediente de una célula cuesta dinero; no tenerlo cuesta más, pero solo el día que pasa algo.
  5. Y a partir de hoy, que ninguna intervención se cierre sin quedar registrada con su fecha, su responsable y su motivo. Es lo único de esta lista que no caduca.

Dónde entramos nosotros

En dos sitios concretos. Cuando la modificación hay que hacerla bien desde el principio, el refitting y la modernización de maquinaria incluyen dejar el expediente en condiciones, no solo que la máquina arranque. Y para el punto 5 de la lista —el que no caduca— cada máquina tiene su historial de intervenciones con QR en la propia máquina: quién tocó qué, cuándo y por qué, sin depender de que alguien se acuerde.

No es una herramienta de cumplimiento normativo y no vamos a venderla como tal. Es que la pregunta que hace una inspección y la que hace un jefe de mantenimiento cuando una máquina falla por tercera vez son exactamente la misma pregunta, y se responden con el mismo registro.

Cuéntanos qué habéis modificado